COVID-19: una situación excepcional con consecuencias imprevisibles

2020

El 11 de marzo de 2020, preocupada por la propagación de la COVID-19, su gravedad y la inacción, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declara la COVID-19 como pandemia. Asistimos a una situación excepcional, de magnitud nunca vista, con consecuencias imprevisibles. La pandemia, que ha causado ya más de 1,42 millones de muertes, puede revertir progresos sociales de reducción de la pobreza y el hambre, acentuar crisis humanitarias y desigualdades, y hacer retroceder en derechos humanos y gobernabilidad democrática.

La pandemia de la COVID-19 amenaza los avances de la Agenda 2030, pone en riesgo los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) y el principio de “no dejar a nadie atrás”.

La pandemia está siendo en 2020 la mayor amenaza a la salud mundial, una emergencia sanitaria que está afectando a todos los países del mundo, sin distinción por nivel de renta o desarrollo, y que está impactado de forma negativa en casi todos los ODS. Por ello, es necesario que los gobiernos antepongan las personas y el planeta a otros intereses, junto con un compromiso más profundo de todos los países con la Agenda 2030.

La COVID-19, posiblemente la principal causa de mortalidad infecciosa en 2020, se ha expandido por todo el planeta, colapsando el funcionamiento de los sistemas de salud y afectando al resto de problemas de salud.

Ningún sistema sanitario ha sido por si solo suficiente para detener la pandemia. Ha existido y existe una clara falta de preparación para afrontar emergencias sanitarias globales. Los recortes en salud, unidos a la falta de compromiso real por parte de los gobiernos para invertir en salud, han ayudado a que esta pandemia tenga una incidencia y gravedad mayor en los grupos más vulnerables, sin olvidar los efectos que está teniendo en personas afectadas por otras enfermedades. El fortalecimiento de los sistemas de salud y el aumento de su equidad son fundamentales para luchar contra la pobreza, fomentar el desarrollo y afrontar esta pandemia y otras que puedan venir.

A pesar de advertencias previas, el mundo no estaba preparado para una pandemia como la de la COVID-19. La fragmentación y debilidad de la gobernanza mundial, unido a la sobreinformación y a la falta de una aproximación integral multilateral, han limitado la capacidad de una respuesta global equitativa.

La ausencia de una gobernanza mundial en salud fuerte ha impedido liderar una respuesta conjunta. La OMS debería jugar ese papel. Ahora bien, muchos actores lucrativos y no lucrativos, países emergentes ..., se están incorporando a esta gobernanza. Este nuevo escenario dificulta la toma de decisiones, la transparencia y la rendición de cuentas. Una nueva gobernanza de la salud mundial demanda una OMS independiente, profesional y participativa, capaz de promover una respuesta común y multisectorial a la pandemia, y que anteponga la equidad y el derecho a la salud frente a otros intereses.

La crisis del coronavirus nos recuerda la importancia de defender el derecho humano a la sanidad pública y que se considere la vacuna un bien público global.

Se han puesto en marcha algunas iniciativas para que los países más empobrecidos puedan tener un acceso equitativo a vacunas y tratamientos seguros y eficaces frente a la COVID-19. Resulta imprescindible que los procesos de investigación, elaboración y distribución de vacunas sean transparentes y que el precio de la vacuna sea accesible para todas aquellas personas que la necesiten.

La pandemia de la COVID-19 ha afectado de manera singular a España y ha mostrado las costuras de nuestro sistema sanitario, que se traduce en la precariedad de su personal y el desbordamiento de la atención primaria, de hospitales y de unidades de cuidados intensivos (UCIS).

Al comienzo de la crisis, la atención primaria hizo lo posible por identificar contagios y contactos, gestionar el tratamiento de personas infectadas en sus domicilios, evitar el colapso de camas en hospitales, atender otras patologías, y resolver dudas y temores de la población por vía telefónica. La precariedad en la que se encontraban no ha impedido que, en pleno apogeo de la pandemia, hayan asumido la mayor parte de su gestión. Es necesario acabar con la precariedad de las y los profesionales de la atención primaria en salud, mejorar sus condiciones laborales, salariales y de reconocimiento social, así como favorecer la continuidad en la atención y hacer más atractiva la profesión ante las nuevas generaciones.

La pandemia ha puesto de manifiesto la importancia de la cooperación sanitaria internacional en la lucha contra la pandemia, la necesidad de acelerar la consecución del 0,7% e incrementar la AOD destinada a salud.

Debemos prepararnos mejor para las emergencias, invirtiendo en sistemas de salud que respondan plenamente a las necesidades de las personas a lo largo de toda la vida.

La respuesta a la pandemia de la COVID-19 no debe hacerse a costa de dejar desatendidos a los millones de personas afectadas por crisis humanitarias.

En 2020, la pandemia se superpone a la frágil situación en la que se encuentran muchos países afectados por la violencia, conflictos y emergencias climáticas. Hasta finales de octubre, el Plan Global de Respuesta Humanitaria COVID-19 lanzado por NN. UU. sólo había recibido el 35,7% de los fondos solicitados. Es fundamental que la comunidad internacional asigne los fondos necesarios para cubrir el 100% de este Plan y que estos fondos sean adicionales y no procedentes de otras partidas humanitarias.