Plan de Acción cambio climático y salud

2025

En mayo de 2024 la Organización Mundial de la Salud (OMS), durante la 77ª Asamblea Mundial de la Salud aprobó una resolución histórica que marca un antes y un después en la forma en que se aborda la intersección entre el cambio climático y la salud pública. La Declaración insiste tanto en la necesidad de dar prioridad a la salud en los marcos normativos nacionales e internacionales sobre el clima, como en la creación de sistemas de salud resilientes al clima y con bajas emisiones de carbono. Un año después, en mayo de 2025, la Asamblea de la OMS aprobó el “Proyecto de Plan de Acción Mundial sobre cambio climático y salud 2025 - 2028”, una petición solicitada en la resolución del año anterior, para hacer operativo ese interés en definir la relación entre cambio climático y salud.

Este Plan de Acción se divide en 3 campos de actuación, cada uno con, al menos una meta mundial:

1.- Liderazgo, coordinación y promoción:

La meta mundial en este campo sería “abogar por la integración de la salud en los programas internacionales y nacionales sobre el clima y viceversa”. La salud está ganando peso en estas discusiones internacionales. En la COP 26 se establecieron dos compromisos: hacer a los sistemas de salud resilientes al clima, y conseguir que esos sistemas de salud sean sostenibles, consiguiendo para 2050 que tengan cero emisiones netas de gases efecto invernadero.

A su vez, esta meta tiene 3 objetivos diferentes:

  1. Conseguir que la OMS coordine y guie una respuesta internacional y nacional sobre cambio climático y salud, que debería ayudar a movilizar recursos, mejorar la visibilidad de esta problemática, e incrementar la participación e integración de la salud en las discusiones sobre el clima, siempre con un enfoque de equidad y de “salud en todas las políticas”.
  2. Impulsar medidas que mejoren la salud y al mismo tiempo mitiguen el cambio climático y se adapten a sus efectos, superando el trabajo tradicional con el sector sanitario. Esto implica incorporar una visión de salud pública, donde se promocione una energía limpia, una planificación urbana, un transporte y unos sistemas alimentarios más saludables y sostenibles. También se debe mejorar la resiliencia ante el clima de los sistemas de salud, y apoyar medidas de adaptación que promuevan la salud en otros sectores clave, como el agua y el saneamiento, la alimentación y la agricultura, la energía o la vivienda.
  3. Conseguir el compromiso y respaldo de la comunidad sanitaria y la población, para que conozca, se comprometa y respalde el trabajo en acción climática y salud.

2.- Evidencia y seguimiento

La meta consiste en “Crear una base de evidencia sólida y pertinente que se pueda consultar y guarde relación directa con las políticas, la aplicación y el seguimiento”, con los objetivos de reforzar las evidencias y configurar un panorama mundial de investigación, fomentando la cooperación y colaboración multidisciplinares, promoviendo la investigación y la integración de los datos sobre clima y salud y los sistemas de vigilancia, y respaldando las investigaciones sobre el cambio climático y los determinantes de la salud en el contexto de la Cobertura Sanitaria Universal (incluyendo a la Atención Primaria de Salud) y las emergencias sanitarias.

3.- Acciones y creación de capacidad a nivel de país.

En este ámbito de actuación se presentan dos metas diferentes. La primera es “la promoción de la labor de adaptación al cambio climático para abordar los riesgos para la salud y el apoyo a la labor de mitigación que optimice los beneficios para la salud”, Incluyendo como objetivos incorporar a la salud en las políticas y actividades climáticas mundiales y nacionales, y al revés, integrar el clima en las políticas, las estrategias y los planes nacionales de salud, promoviendo el enfoque “Una Salud”, que considera interconectadas la salud humana, la animal y los ecosistemas.

La segunda meta consiste en garantizar que “los sistemas de salud y los establecimientos de salud sean resilientes al clima, tengan un bajo nivel de emisiones de carbono y sean ambientalmente sostenibles”, realizando evaluaciones periódicas de los riesgos para la salud que plantean el cambio climático y las emisiones de gases de efecto invernadero de los sistemas y los establecimientos de salud, ejecutando intervenciones en materia de cambio climático y salud para aumentar la resiliencia ante el clima y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de los sistemas y establecimientos de salud.

Este es un Plan ambicioso que se pretende implementar en un momento complejo si analizamos las resistencias que provoca la acción climática, que es vista no como un problema global, sino como una opción política, donde el negacionismo es muy importante entre algunas personas relevantes y líderes políticos, algo que permea a la población.

La relación entre salud y cambio climático es un elemento cada vez más relevante en las discusiones internacionales sobre cambio climático, como son las antes mencionadas COP (Conferencia de las Partes).

A finales de julio de 2025, se realizó en Brasilia una reunión previa a la COP 30, la 5ª Conferencia Global sobre Clima y Salud, donde se consensuó un documento para presentar en la COP 30, denominado “Plan de Acción de salud de Belém para la adaptación del sector salud al cambio climático”, que se apoya en 3 líneas de acción para la adaptación al cambio climático y el desarrollo de sistemas de salud resilientes al clima: seguimiento y monitoreo, políticas basadas en evidencia y mecanismos de producción e innovación.

La Alianza Global sobre Clima y Salud ha presentado un informe “De la cuna a la tumba: El impacto de los combustibles fósiles en la salud y la urgencia por una transición justa”, donde se muestra la relación de todo el ciclo de los combustibles fósiles desde su extracción hasta su eliminación, y su impacto en la salud de las personas, que son persistentes, durante todas las fases de la vida de las personas, y que afectan especialmente a las personas más vulnerables.

Es importante que las personas conozcan más en profundidad la relación entre clima y salud. Si la población percibe que su salud está en riesgo, éste puede ser un factor importante para evitar el retraso en la asunción de medidas que se tienen que tomar lo antes posible. Pero el miedo por sí solo nunca ha sido un elemento suficiente para que una decisión sea integrada realmente por las comunidades, ya que paraliza a muchas personas y genera resistencias. Hacen falta muchas más evidencias claras y concretas, un discurso que incluya esperanza y alternativas, y, finalmente una posibilidad de participación de las comunidades tanto profesionales como ciudadanas que les permitan ser parte de la solución y no solo parte del problema.