Crisis olvidadas: la urgencia de responsabilidad política y económica ante la normalización del sufrimiento de las personas del sur global.

2023

Existen situaciones de crisis, provocadas o no, que desde el primer momento captan una gran atención internacional y movilizan recursos, incluso cambiando los marcos políticos que existen hasta ese momento. Otras, a pesar de afectar en ocasiones a millones de personas, parecen quedar en el olvido de la prensa y la comunidad internacional, de manera que se cronifican hasta el punto de dar la sensación de que se trata de problemas sin solución y que, por tanto, son poco merecedores de atención.

En 2005, en el marco de la Reforma de las Naciones Unidas y en concreto, de la Reforma administrativa de la coordinación humanitaria, el Secretario General alertó sobre el incremento de la desigualdad en el mundo (UN, 2005) y la desatención desigual de los donantes a las crisis humanitarias (UN, 2005), apuntando que son aquellas que se producen en el continente africano las que resultaban en ese momento más desatendidas y que existían sectores que, siendo esenciales para el mantenimiento de la vida, no contaban con un mínimo de recursos.

En un intento de dar prioridad a la respuesta a estas crisis y reducir estas brechas, Naciones Unidas pone el énfasis en la respuesta basada en la identificación de necesidades humanitarias. Para ello utiliza una combinación de indicadores que combinan el nivel de riesgo de cada posible situación, con el nivel de vulnerabilidad y resiliencia de los países o sectores que se pueden ver afectados. En función de ello identifica un conjunto de “crisis con déficit de financiación” a las que asigna de manera anticipada una parte de los fondos de emergencia y prioriza 10 sectores entre los que se encuentran salud, nutrición y protección.

Así, el Fondo Central de Respuesta a Emergencias (CERF), dedica anualmente al menos el 30% de la financiación de la que dispone a responder a necesidades humanitarias a crisis categorizadas con déficit de financiación. Por ejemplo, la última ronda de financiación realizada hasta el momento por el CERF en 2023 priorizó a: Afganistán, Bangladesh, Burkina Faso, Haití, Mali, Myanmar, Uganda, República Centro Africana, Malawi, Mozambique, Venezuela y Yemen. Además, identificó otros dos grupos que suman un total de 22 países a los que potencialmente podría priorizar. Sólo la mitad de los territorios priorizados cuentan con Planes de Respuesta Humanitaria (CERF, 2023).

Por su parte, la Unión Europea utiliza la idea de “crisis olvidadas”, reafirmando su compromiso de prestar atención prioritaria a estas crisis a través de la Declaración conjunta denominada Consenso Europeo en Ayuda Humanitaria (EU, 2008).

La UE define crisis olvidadas como aquellas en las que confluyen los factores de riesgo y vulnerabilidad con una significativa falta de financiación por parte de donantes y escasa atención de prensa relevante a nivel internacional. En este caso, asume como política dedicar el 15% de su presupuesto humanitario inicial a un listado de crisis que denomina olvidadas (ECHO, 2021).

La Evaluación que da como resultado el listado de crisis olvidadas de ECHO considera que las crisis pueden afectar minorías dentro de países y que pueden representar la combinación de más de un tipo de crisis al mismo tiempo – denominadas crisis complejas. Para 2022-2023, se categorizaron 15 contextos como crisis olvidadas. Entre ellas se encuentran las crisis complejas en la República Democrática del Congo (RDC), en Camerún, en Burundi, en Sudán del Sur, en la República Centroafricana y en Colombia. Además, se incluyen la crisis de personas refugiadas en diferentes países como Sudán, de la República Centroafricana en Chad, de personas refugiadas Saharauis en Argelia, de las personas refugiadas Rohingya en Bangladesh y de las personas venezolanas Ecuador y Perú. Otras crisis olvidadas priorizadas son las relacionadas con situaciones de violencia en el noroeste de Nigeria en Darfur Occidental y la crisis socioeconómica en el Líbano.

Dado el contexto general de escasez de financiación de la ayuda internacional, resulta muy necesario llamar la atención sobre esta situación.

De acuerdo con OCHA (2023) el promedio de financiación de los Planes de Respuesta Humanitaria al cierre del tercer trimestre de 2023 era apenas 32,1% del total de los recursos necesarios.

La respuesta a algunas situaciones concretas como el llamamiento de respuesta para el terremoto en Siria es destacable: se contó con el 100% de los recursos solicitados. No obstante, y paradójicamente, el Plan de Respuesta Humanitaria en el conjunto del país, que mantiene una guerra que cumplió ya 12 años, obtuvo al cierre del tercer trimestre de 2023 apenas el 29,3% de la financiación requerida.

Junto al Plan de Respuesta Humanitaria de Siria, otros como los de Burundi, Chad, Camerún, Mali, Líbano, Myanmar, Haití, El Salvador, Guatemala y Honduras, no alcanzan si quiera un tercio de la financiación necesaria para la respuesta a las necesidades humanitarias.

Esta alarmante brecha repercute en la disponibilidad de recursos previstos para la respuesta en sectores esenciales como la salud básica, la nutrición y la protección, incluyendo respuesta a la violencia basada en género, llegando a producirse situaciones como los contextos de emergencia humanitaria en El Salvador y Guatemala, donde los recursos requeridos para atender necesidades en salud y nutrición son prácticamente inexistentes (OCHA, 2023).

En este sentido, se hace necesario, además de incidir para que los países atiendan sus obligaciones y compromisos internacionales en materia de AOD, establecer unos mínimos en términos de asignación presupuestaria que garanticen la respuesta, al menos, de las necesidades vitales. Esto debe acompañarse de mejoras en la previsibilidad de la ayuda y flexibilidad que permita orientar los recursos donde se identifiquen necesidades más acuciantes, de manera oportuna.

A un nivel más macro, hace falta que el conjunto de la comunidad internacional invoque a una mayor coherencia de políticas, abordando de manera responsable los factores que están a la base de las crisis consideradas olvidadas de manera que puedan encontrarse vías de solución sostenibles y justas. Para ello, las organizaciones de la sociedad civil que trabajan en la creación de alternativas a las crisis en cada territorio son agentes muy importantes que deben ser escuchados y recibir el mayor apoyo posible, no sólo a nivel operativo, sino también político.

Los integrantes de la comunidad internacional tienen la responsabilidad de aportar, de acuerdo con sus posibilidades, no sólo desde el punto de vista financiero en términos de ayuda, sino, en primer lugar, respetando y exigiendo respeto de los derechos humanos y de la Tierra y del Derecho Internacional Humanitario y también mediante una participación responsable en los diferentes foros de la comunidad internacional, que aporte a la prevención, respuesta y superación de las crisis.

Es necesario favorecer contextos políticos saludables, con garantías para el diálogo y con participación de la sociedad civil local.

Por otra parte, corresponde una reflexión sobre el papel de la prensa. Es indispensable que se pueda favorecer la visibilidad de las denominadas crisis olvidadas, respetando la humanidad, la dignidad, la voz y la agenda política de quienes las viven en primera persona y poniendo en cuestión los relatos que normalizan el sufrimiento, que suelen repetirse de manera sistemática cuando se trata de comunidades del Sur Global. Hace falta que su relato profundice en la complejidad de las crisis, visibilizando sus causas estructurales e incluyendo aquellos elementos políticos y económicos que las favorecen o que se benefician de ellas.