Fernando Simón Soria
Tras 14 Conferencias Sanitarias Internacionales (1851‑1938), el Reglamento Sanitario Internacional, el primero en 1951 y el último de 2005, con un importante paquete de enmiendas aprobado en la Asamblea Mundial de la Salud de 2024, con la experiencia de la pandemia por COVID‑19 y después de más de tres años de negociaciones entre todos los estados miembros de la OMS, fue adoptado el primer Acuerdo de Pandemias en la 78 Asamblea Mundial de la Salud, el 20 de mayo de 2025. La pandemia de COVID‑19 puso de manifiesto deficiencias importantes en la gestión de emergencias globales para la salud de la población, de toda la población.
La pandemia nos ha mostrado que las acciones que llevan a cabo los estados con el objetivo de proteger a su población de los riesgos sanitarios que trascienden fronteras no son suficiente en el mundo globalizado en el que vivimos. Establecer mecanismos globales de comunicación, la coordinación internacional de las medidas no farmacológicas y de las capacidades de investigación, desarrollo de vacunas, tratamientos y pruebas diagnósticas y la producción y acceso global a dichas medidas son las únicas garantías para la resolución de pandemias y otras emergencias de gran impacto en la salud pública. Estas acciones requieren el compromiso de los estados para implementar de forma coordinada capacidades nacionales que redunden en el desarrollo multilateral buscando el equilibrio y sinergias entre las regiones.
El Acuerdo de Pandemias trata de responder a esas necesidades mejorando las capacidades globales para la prevención, preparación y respuesta ante pandemias cumpliendo con los principios fundamentales de equidad, solidaridad, respeto a la dignidad y derechos humanos y legislación humanitaria internacional, garantizando al mismo tiempo los derechos soberanos de los estados.
Sin embargo, negociar compromisos nacionales para beneficio global no es una tarea fácil. Los estados debemos comprometernos con los principios de equidad y solidaridad, pero además debemos confiar unos en otros y ser fiables en el cumplimiento de nuestros compromisos. A pesar de todo se consiguió un Acuerdo histórico cuyo potencial se verá en los próximos años. Hemos abierto, por primera vez, una puerta a trabajar juntos por la seguridad sanitaria global, entendiendo que es el único camino posible, pero si no tenemos cuidado esa puerta podría cerrarse. Una vez aprobado el Acuerdo de Pandemias, su entrada en vigor depende de que se adopte, previsiblemente en la Asamblea Mundial de la Salud de 2026, un anexo al documento que detalle cómo funcionará el mecanismo multilateral para el “acceso a patógenos y el reparto de beneficios” que se generen. Este mecanismo pretende racionalizar las inequidades globales entre los estados en la investigación, desarrollo y acceso a los productos generados a partir del conocimiento de los patógenos de riesgo pandémico y/o sus secuencias genéticas durante las emergencias sanitarias.
Las negociaciones han sido largas y difíciles, pero han demostrado que cuando hay un objetivo común los estados podemos ponernos de acuerdo y adquirir compromisos con el objetivo del beneficio global, más allá de intereses nacionales. A pesar de lo logrado, algunas personas consideran que se ha perdido una oportunidad para establecer un acuerdo más ambicioso y con más compromisos por parte de los estados. Otras personas piensan que el Acuerdo limita de algún modo la capacidad de los estados para tomar sus propias decisiones. Quizás sean verdad ambas afirmaciones, pero lo cierto es que el Acuerdo de Pandemias aunque no es perfecto para nadie, sí que es suficientemente bueno para todos y hemos empezado a caminar juntos.